El sueño italiano III

La ciudad de Aosta, a unos 30km de donde estábamos viviendo, es muy bonita, allí pudimos apreciar por primera vez, restos del , como un teatro, un centro histórico muy pintoresco, con calles estrechas y serpenteantes. Dada la proximidad con la frontera con Suiza, las relojerías, están atestadas de modelos y marcas, para todos los gustos y bolsillos.

Aosta

En la biblioteca de la ciudad, por primera vez, pudimos tener acceso a internet y en forma gratuita, reservando turno y por un periodo máximo de una hora. Luego descubrimos algunos bares, que tenían este servicio, pero pagando como mínimo 5 euro la hora. Intentamos buscar algún tipo de empleo en esta ciudad y en las poblaciones vecinas, pero al igual que el resto del valle, solo se ofrecen oportunidades en el periodo de mayor afluencia turística, luego se limita a la gente local, que ya tiene su puesto fijo.

Surgió entonces la idea, sobre todo por que mi cuñado ya había estado en el lugar y quería ir a establecerse allí, de transferirnos a Cremona, en Lombardía, unos 350 km mas abajo. Por este motivo, viajamos por primera vez, para tomar una idea de la situación y analizar las perspectivas de trabajo. A los lados de la autopista, vimos un sin numero de fabricas y establecimientos industriales, que humean cada día del año, durante las 24 hs, pasando por Torino y luego por Milano, hasta llegar a Cremona en la , la zona mas llana de toda Italia, atravesada por el Po, ya en el limite con la región Emilia Romagna.

La primera impresión de Cremona fue muy agradable, una de esas típicas ciudades europeas, medieval en su arquitectura, con adoquines de piedra en sus calles y muchas bicicletas, la gran mayoría de las personas se desplaza en ellas, hay carriles especiales por todos lados y eso, sumado al orden y la limpieza, hacen una idea de vida pacifica. Para quienes recién llegan, con poca expresión oral, sin un puesto de trabajo actual, pues encontrar alguien que aceptara la propuesta de alquilarnos una casa, es una empresa muy difícil.

La gente, que ya de por si es desconfiada, sobre todo de los extranjeros, comenzó a pedirnos todo tipo de antecedentes, garantías y demás, cosa que desgraciadamente no podíamos ofrecer. Fue así, que tuvimos que regresar otras dos veces a la ciudad, hasta lograr nuestro objetivo. Mientras uno buscaba donde habitar, el otro buscaba trabajo, recorriendo todos los bares, hoteles y lugares donde podría haber posibilidades, pero en la ciudad la política es distinta, existen mas controles y reglas que se respetan y sin una residencia estable y toda la documentación necesaria, pues nadie se arriesga a tomar la decisión de emplear a una persona.

Allí tomamos conciencia de que las cosas, no serian tan fáciles como habíamos pensado y fue el inicio de un arduo y difícil recorrido, por oficinas, tramites burocráticos y problemas con las autoridades. Mi esposa tenia la ciudadanía ya tramitada en Argentina, yo había iniciado la practica, pero ante la inminencia de mi viaje, me aconsejaron de presentar todo directamente en Italia, donde: “todo seria mas rápido y fácil”, según la gente del Consulado, lo peor de todo, es que yo creí en esta afirmación. Fueron necesarios casi tres años, varios dolores de cabeza y bastante dinero, para que esto se concretara.

Cremona

Como Cremona es una ciudad muy frecuentada de estudiantes de todo el mundo, por que allí tiene sede la Escuela de Liuteria mas importante del mundo, comenzamos a buscar en ese ambiente y así surgió finalmente una antigua casa en el centro histórico, detrás del Duomo (catedral). Una anciana viuda que vivía con sus dos hijos y su hermano en la parte superior de una casa inmensa, con un gran patio central, en torno al cual cada habitación, había sido transformada en pequeños departamentos, con todo lo necesario, incluso muebles y electrodomésticos; No puso demasiados requisitos, solo nos pidió 3 meses adelantados como garantía, mas el mes de ingreso y un contrato por cuatro años, renovable cada año. El precio fue fijado en 400 euro, con las expensas incluidas y servicios a nuestro cargo, para los que tuvimos que hacer un deposito como garantía y solicitar la activación a nuestro nombre.

No paso demasiado tiempo, antes de que supiéramos que allí nadie quería ir a vivir, pues en la casa habitaban personas con graves disturbios mentales, que cada tanto tenían sus crisis, de las que fuimos testigos y por las que vivimos momentos de verdadero pánico, durante el año que transcurrimos en aquel departamento. No podíamos disolver el contrato antes de su vencimiento, por que perderíamos la garantía depositada. Mientras tanto, mi mujer había ya conseguido trabajo en una heladería a unos 100 metros de la casa y yo recorriendo a pie la zona industrial, distante a unos 6 km de la ciudad en pleno campo, solo cuatro días después, había sido convocado para trabajar en una de las mayores fabricas de pastas y productos de panificación de Italia. Pasarían muchas cosas y debería afrontar muchos mas problemas de los que había imaginado para que pudiera ingresar en esa fabrica.

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