La señora

Había ganado su lugar, sabiendo utilizar el arte de la seducción, claramente en ese momento era mucho mas joven y digamos que no tenia demasiados prejuicios ni rivales que pudieran hacerle algo de sombra, en resumen: nada que perder.
En poco tiempo, paso de ser una simple asistente, a la mano derecha del gran jefe y de allí en mas, nada podría detenerla y ni ella misma habría jamás imaginado que llegaría tan lejos, no solo en su ambición de poder, sino también en el modo de ejercerlo.

De a poco, fue tomando la mano a lo que seria convertirse en la persona mas respetada y temida y los privilegios que eso significaba, además tenia “carta blanca” para sus decisiones y nadie podría alzar la voz en su contra, ni desmentirla. Con gran sabiduría, fue tejiendo su red: tenia sus “espías” y “súbditos” obsecuentes en cada sector, gente que se conformaba con las migajas del poder o que simplemente se sentían protegidos bajo su dominio.

Fueron estos últimos, quienes le permitieron acrecentar su poder, liberar el camino de cada obstáculo que se fue presentando y ella fue “generosa” con quienes mas colaboraron, a su entender, premiándolos con alguno que otro privilegio. La vertiginosa carrera, duro varios años, los suficientes, para hacerse de un gran capital, una verdadera “fortaleza” era su morada, automóviles de última generación, viajes y todo genero de lujos. Se divertía, pensando cada día a una nueva forma de hacer que la vida de los demás se volviera difícil.

Hábil estratega, sabia siempre como convencer a quien se lamentase, de que las cosas no eran tan malas o de como podían empeorar si ella daba lugar a lo que estaban solicitando. Sus únicas preocupaciones eran, como sorprender al día siguiente y como calmar su ansiedad de consumo.
Había montado una “pantalla”, que la protegía de las indiscreciones y los comentarios: un “marido”, hijos, una familia ideal. No se hicieron esperar los comentarios respecto a sus relaciones intimas, ni a las crisis dentro de su “núcleo familiar”, sobre todo cuando las voces que circulaban, pronosticaban el final de su imperio, pero ella no dio lugar a nada y siguió adelante insensible.

Llego a un punto, en que su ambición desmedida, ya no le permitía ver claramente cuanto sucedía a su alrededor y que las cosas se iban transformando. Solo daba crédito a lo que sus informantes le hacían saber y estaba completamente convencida de que todo aquello estaba destinado a durar, tanto como ella quisiese.
Hoy la jornada era distinta a todas las demás, todo había cambiado a su alrededor, no quería que nadie se percatase de su presencia ni de lo que en ese momento estaba sucediendo.
Estaba sentada en la parte trasera de un vehículo policial, no estaba esposada, no soportaría jamás esa terrible humillación y en su mente, mil historias distintas se entre cruzaban y sobre todo una pregunta: Que había salido mal esta vez?…

La señora
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