Italia – Visitando Cremona después de tantos años

La última vez que estuve en Cremona, de esto hace casi 10 años, fue cuando tuve que prestar juramento, tras haber sido reconocida mi ciudadanía italiana y allí deje mi Permesso di Soggiorno y pase a ser un italiano mas del montón. Aunque si bien en la practica nunca deje de ser un extranjero o extracomunitario como les gusta llamarnos a los italianos.

Il Torrazzo

En Cremona transcurrieron dos de los años de mi permanencia en Italia, como ya he contado en algunos de los capítulos de “El sueño italiano“, después de vivir por unos meses en Valle d’Aosta, llegamos allí un 1° de Mayo y quiso la casualidad que el 1° de Mayo de dos años después me tuviera que transferir al otro extremo de la península, a Bari para ser mas exactos, donde pasaron otros tantos años de nuestra estadía en Italia.
Regresar a esta ciudad, después de tanto tiempo ha sido una mezcla de sensaciones, que en un cierto modo tienen un sabor dulce y amargo a la vez.

La ciudad de Cremona ha cambiado bastante, aunque parezca increíble, por que aquí siempre se tiene la sensación de que nunca cambia nada y que las ciudades son siempre tan antiguas y dormidas en el tiempo desde hace siglos. No obstante, el progreso también llega y se realizan construcciones, se altera el paisaje urbano y es un poco frustrante recorrer sus calles sin saber por donde se encuentra uno o no recordar y tener dificultades para orientarse, cuando antes esa ciudad era parte de nuestra vida y la conocíamos casi a memoria.

La esencia no ha cambiado por supuesto, los sitios de mayor interés y que han quedado impresos a fuego en la memoria están allí como siempre. La piazza del Duomo, detrás de la cual a escasos 50 metros he vivido durante mi primer año en Cremona y con la que me encontraba agradablemente cada día. El Comune, el Torrazzo y la Piazza Roma donde transcurrí tantas horas, leyendo y observando pasar el tiempo, mientras analizaba la vida que me circundaba y acrecentaba mi conocimiento de la lengua italiana.

Las calles del pequeño centro de Cremona, ahora parecen mas desiertas que nunca, quizá por la presencia de los nuevos y enormes centros comerciales que se han construido en la periferia. La zona industrial, donde transite tantas veces para ir a trabajar, primero caminando, sonando a todas las puertas en busca de un empleo, luego en bicicleta cuando ya lo obtuve, sucesivamente en moto, cuando el invierno y la niebla hacían demasiado peligroso el transito y finalmente cuando pude comprar mi primer automóvil, fruto de mi esfuerzo en aquellos interminables turnos rotativos en las fabricas.

En esa ciudad, conocí un gran numero de argentinos, que como yo llegaron en busca de un futuro mejor y una estabilidad. Muchos ya no están, se fueron hacia otros destinos, de otros he perdido el rastro y aquellos, con los pocos que se logro entablar una relación de amistad, seguimos en contacto a pesar del tiempo y la distancia.

Cremona, bicycles

El cremones es orgulloso, altanero, pero tiene sus buenas razones para serlo. Los jóvenes con sus tatuajes, pricings y cabellos teñidos de colores extraños, siguen allí. Su dialecto que hablan con distinción y su acento, que ahora me parece como un canto y que en algún tiempo llegue a entender, al menos en parte y que también detestaba, ahora me parece amistoso y simpático, creo que finalmente he logrado hacer la paz con esta ciudad, que me dio tanto y me trato un poco mal, para mi mente de recién llegado.

Conocí mucha gente allí, aunque no logre establecer ningún tipo de vínculos, mas allá de los laborales, solo con otros extranjeros como yo, aunque venidos de los mas diversos orígenes, pude tener una relación casi amigable.
Cremona, es ya parte de mi historia y no reniego de ella, solo me gusta que ocupe finalmente su lugar.

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